¿Y si no hubiera mañana?

¿Y si no hubiese otro día, y si no hubiese un después? Si hoy fuese el último día de tu vida, ¿qué cosas te gustaría hacer? ¿qué sería lo más importante para ti?.

A veces vivimos la vida como una mera sucesión de los días , centrados en las obligaciones cotidianas, planificando, organizando, como si de una batalla contra el tiempo se tratara… hasta que sucede algo inesperado que nos impacta y nos hace pararnos a pensar.

A mí me sucedió esta tarde mientras paseaba. Al pasar por una calle nos encontramos con que había una ambulancia parada junto a la acera, y un par de cascos de motorista estaban aún tirados por el suelo. Era evidente que alguien había sufrido un accidente de moto hacía escasos minutos, y aún les estaban atendiendo.

Ambulancias

Eso me recordó a otro momento que, tiempo atrás, también me impactó. Fue cuando, al pasar por una carretera, observé unas bolsas tiradas en el suelo, cuyo contenido se desparramaba por toda la calle, y la presencia policial evidenciaba que se trataba también de alguien que había resultado accidentado.

Al día siguiente  supe por los periódicos  que efectivamente, en ese punto ese día, una persona había sufrido un atropello.

Quizás le doy demasiadas vueltas a las cosas, pero ante estos sucesos que forman parte de la vida cotidiana y a los que todos estamos expuestos, no puedo evitar pararme a pensar…

Seguramente, el contenido de las bolsas derramado en el suelo pertenecía a una persona que pensaba preparar con aquellos objetos su comida diaria, su rutina de vida. Es posible que alguien le esperase, que alguien contase con su presencia para comer, o para ir a algún lugar. O quizás no, quizás viviese solo o sola, pero tenía un plan para ese día y no lo pudo llevar a cabo, porque al igual que a las personas que iban en aquella moto esta tarde, en un instante se les detuvieron sus proyectos, y se vieron limitados a la realidad y el dolor de ese momento.

motos y carretera

Hasta que sucede algo inesperado que nos impacta y nos hace pararnos a pensar…

Sé que no digo nada nuevo, porque esto sucede cada día en todas partes, pero estas cosas me hacen pensar en la fragilidad de la vida, me hacen darme cuenta de que basta un segundo desafortunado para que todo cambie, y todo lo que no hayamos hecho o dicho, ya no habrá lugar para ello.

Siempre nos parece que esas cosas les pasan a los demás, lo vemos como algo lejano, y no pensamos que el cúmulo de circunstancias que dan lugar a ese infortunio nos puedan suceder a nosotros. Y quizás por eso nos tomamos el tiempo de una manera relajada, y no valoramos las cosas con la importancia que tienen.

leer-un-libro-que-te-emociona

Leer un libro que te emociona hasta hacerte sentir parte de la historia…

No nos damos cuenta de que tal vez, ese “te quiero”, o ese beso, esa caricia, ese abrazo, esa sonrisa que nos guardamos para más tarde, no haya posibilidad de darlo después. Quizás no podamos ir al campo de barbacoa el próximo fin de semana, o llamar a ese amigo que hace tiempo que no vemos para quedar y tomar algo, quizás no podamos “deshacer” el enfado y la  mala cara con que contestamos a esa persona querida al salir hoy de casa…

No-olvides-que-te-quiero

No pretendo con todo esto ser catastrofista, nada más lejos de mi intención. Lo que quiero decir es que el momento de hacer las cosas es ahora, precisamente ahora, no mañana ni después, porque no somos dueños de ese después. No tenemos más certeza que el momento presente, y es ahora cuando somos dueños de nuestros actos, responsables de lo que hacemos o no hacemos,  y de lo que decimos o no.

Es cuestión de valorar cada momento como único, porque una vez que pase, lo que hayamos vivido o no, ya no volverá. Es cuestión de dar importancia a las cosas que la tienen, lo que realmente vale, el amor de tu pareja, de tus hijos, de tus amigos…

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Madrugar para ir a ver juntos el amanecer, sorprendiéndote como si fuera el primero que ves y disfrutándolo como si fuese el último, sentir el viento en la cara cuando vas bien abrigada , pasear cogidos de la mano,  sentir el calor de un beso de la persona que amas, llenarte el alma con la sonrisa de tus hijos cuando juegan, o con su cara la mañana de Reyes, escuchar una canción que te encanta con los ojos cerrados, tener una conversación de horas con tu “alter ego” sin tener en cuenta el tiempo, sentir  el agua del mar rozando tu piel o el calor del sol, tendida en la arena. Leer un libro que te emociona hasta hacerte sentir  parte de la historia, disfrutar  la belleza de un paisaje natural o prepararle a tu pareja su cena favorita cuando sabes que ha tenido un mal día, son sólo algunas de esas cosas que no tienen precio, de esas que son tan cotidianas que no valoramos quizás en su medida, pero que si te faltaran, tu vida sería totalmente diferente.

Mar azul1

Esas son las cosas que realmente importan, y por eso, ante acontecimientos así, me siento afortunada por vivir, y agradecida de lo poco o mucho que tengo, porque sin duda la vida es el mejor regalo, y no pienso perderme ni un minuto.

“Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir siempre” — Mahatma Gandhi

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