El después …

Este poema que compartimos con vosotros habla de un momento muy especial. Todos hemos sentido alguna vez  el deseo y la urgencia con que a veces se expresa, la necesidad de entregar, de compartir con esa persona lo más íntimo de nosotros, esas ganas de que no haya ni un centímetro entre su piel y la nuestra, y que el tiempo se detenga en ese instante.

Sin duda, es un momento mágico, que une y refuerza a la pareja.

Pero hay un momento precioso que cada uno vive a su manera, de formas diferentes, y es ese momento del después. Ese tiempo que transcurre justo después de hacer el amor, en el que desaparece la prisa y todo es calma y relax, ese momento en que, ya libre de la necesidad y la urgencia, cada uno se expresa tal y como es, sin nada más que el sentimiento al desnudo, y donde la complicidad juega un papel primordial.

Es un instante único, un momento de plenitud y satisfacción por todo lo compartido.

Este poema expresa sólo una forma de vivir ese «después».

¿Te atreverías a describir el tuyo? …

El después …

Te miro y me sonríes, y me pierdo …
Mientras el corazón recobra su cordura,
Te he entregado mi alma en cada beso,
Cada caricia tuya era ternura.
Descansa nuestra piel entrelazada,
Sintiéndome tan tuya y tú tan mío …
Complicidad, placer y amor se abrazan,
Y no distingo tu sabor del mío.
Recorro una vez más tu piel serena,
Tu cuerpo es mi refugio en un segundo,
Tus manos son mi paz, tus ojos besan,
Tus labios, plenitud, y tú … ¡mi mundo!

Esther

Donde-mis-suenos-se-hacen-realidad

Safe Creative #1401029746587

La importancia de decir «Te Quiero»

la-importancia-de-decir-te-quiero

En este mundo en que vivimos, donde las prisas se imponen y el ritmo de vida puede llegar a ser frenético, a veces corremos el riesgo de relegar a lugares posteriores las cosas más importantes que tenemos, como los sentimientos y la expresión de los mismos.

Sin embargo, constituyen parte importante de nosotros, de nuestra esencia, nuestro mundo interior, ese que compartimos con tan pocas personas, pero que nos define y nos hace diferentes al resto de la gente.
Me gustaría proponeros un sencillo ejercicio, contestar a estas preguntas: ¿Cuándo fue la última vez que dijiste “Te quiero”?, ¿cuándo fue la última vez que te lo dijeron?.

A veces, basta con pararnos a pensar un poco en ellas para darnos cuenta de que, en algunos casos, cuesta echar la vista atrás y encontrar ese momento, pero… a todos nos gusta sentirnos queridos, todos necesitamos saber que somos importantes para alguien en algún momento de nuestras vidas. Es una necesidad con la que nace el ser humano, la necesidad de afecto y cariño .

El poder de las palabras

Y aún así, no siempre lo expresamos …

Suele ser algo que damos por hecho en una relación de pareja, o en la relación entre padres e hijos. Es algo que se da por supuesto, y a menudo pensamos que ya “se sabe”, y no hace falta decirlo .

Otras veces, es la propia personalidad de algunas personas, de carácter introvertido o reservado, lo que les lleva a no expresar lo que sienten a sus seres queridos, a pesar de sentir con la misma intensidad que los que sí lo expresan .

¡Pero no debemos subestimar el poder que tienen estas dos palabras¡

Decir “Te quiero“ es decir mucho, es dejarle saber a esa persona que nos importa, que puede contar con nosotros cuando lo necesite, hacerle sentir que no está sola, que es alguien especial en nuestra vida.

Decir o no decir: No es lo mismo

¡Cuántas y cuántas relaciones se han ido enfriando poco a poco por la falta de afecto, de su demostración¡ El cariño – solemos oír decir – se demuestra, y es cierto. Se demuestra con hechos, sí, pero también con las palabras, porque el hecho de decirlas, ya es en sí mismo una muestra de afecto, de ese afecto tan necesario de sentir pero que nadie va pidiendo, porque es algo que se recibe y se entrega gratuita y libremente.

Nunca sabremos cuántas relaciones, quizás, se podrían haber salvado con un simple “Te quiero“ dicho a tiempo, en el momento en el que aún se sentía, pero a veces cometemos el error de creer que tenemos todo el tiempo del mundo para hacerlo, y pensamos, ingenuamente, que da igual hoy que mañana, decirlo que no decirlo, porque esa persona (y sus sentimientos) estarán siempre ahí para nosotros, sin pararnos a valorar que, tal vez, cuando queramos expresarlo, puede ser ya demasiado tarde.

Aprovechemos el hoy, el momento, porque es lo único seguro que tenemos …