El amor se hace.

¿El amor se hace? Me refiero al amor de verdad, no al  simple intercambio de fluidos.

Es cierto que el amor surge cuando menos te lo esperas, y te inunda la mente y los sentidos, cambiándote por dentro, llenándote de ilusión y haciéndote ver la vida de manera diferente.

Todo es nuevo cuando te enamoras. Otra piel, otros labios, un mundo entero (el suyo) por descubrir. Es como empezar a vivir de nuevo, todo es diferente y cada día es un regalo.

Es la magia del amor, y en sus inicios todo fluye espontáneamente, pero transcurrido un tiempo, a medida que profundizamos en la relación y el conocimiento de la otra persona, como somos seres de costumbres vamos perdiendo el valor de aquello que nos parecía tan increíble y, poco a poco nos acostumbramos, haciendo cotidiano aquello que era especial.

Es por eso que opino que el amor nace, pero también se hace.

Nace de forma inesperada, pero una vez que nos hemos dejado inundar por todo lo bueno que trae a nuestra vida, es cuando hay que hacer el amor, porque es fácil dejarse llevar por la pasión y la ilusión pero, ¿cómo hacer que ese amor sea duradero? ¿cómo conservarlo para que no se deteriore?

Con pequeños detalles, cuidando el día a día. Ese es el secreto. Basta una mirada o un gesto de complicidad, una sonrisa, una palabra dicha con cariño…

Ese es mi secreto, el cariño. Es compartir risas y jugar mientras estamos cocinando o prepararle la cena si ha tenido un mal día, caminar juntos de la mano cuando salimos a pasear, es mirarle y saber lo que está pensando aunque no me lo diga, planear juntos dónde vamos a ir o lo que vamos a comprar.

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Caminar juntos de la mano cuando salimos a pasear…

Es darle un beso cuando menos se lo espera, hacerle sonreír cuando está de mal humor, acariciar su pelo mientras vemos una peli y abrigarle con una manta si se queda dormido en el sofá. Es cenar con una vela y una copa de vino cada noche, celebrando simplemente que estamos juntos un día más.

Es compartir confidencias los sábados por la mañana, tendidos en la cama, sin prisas, porque no hay que madrugar, es acariciar su piel como si fuese mi mayor tesoro y besar sus labios tanto que me quede en la boca su sabor. Es despertarle con un beso y desearle un buen día o acariciarle y besarle justo antes de dormir.

Es hablar sin cortapisas de lo que nos venga en ganas, sin vergüenzas, sin mentiras y sin mirar el reloj. Es jugar a “nuestras cosas” y reír sin parar intentando no despertar a los vecinos, hablar un lenguaje que nadie más entendería y llamarnos por “nuestros nombres”, esos que nadie conoce excepto nosotros dos.

Es respetar sus silencios, entender sus miedos y acompañarlo en los malos momentos. Es contarnos los secretos, escuchar música juntos o darle un masaje antes de ir a dormir. Es salir con nuestras motos y hacer mil fotografías, escribirle algún poema o componerle una canción.

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Es salir con nuestras motos y hacer mil fotografías…

Es querer hacer su vida más sencilla y placentera, dedicarle mi tiempo y mi cariño, compartir proyectos, ayudarnos en las tareas y por encima de todo, intentar que sea feliz.

No hacen falta grandes cosas, sólo cuidar los detalles, disfrutar cada momento y dar de mí lo mejor. Esa es mi forma de amar día a día… ¡Eso es hacer el amor!

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Es cenar con una vela y una copa de vino cada noche, celebrando simplemente que estamos juntos un día más.

Átame …

Átame a tu locura, átame a tu cintura,
átame a tus sueños y a tu vida ,
átame a tus palabras y a tu risa,
átame a tu voz y a tu silencio,
átame a tu cuerpo y a tu alma,
átame a ti, porque TE QUIERO.

Átame con los lazos que no duelen,
con un cariño siempre verdadero,
con tu forma de ser, tu confianza,
con tus caricias y con tus besos.

Esther

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La importancia de decir “Te Quiero”

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En este mundo en que vivimos, donde las prisas se imponen y el ritmo de vida puede llegar a ser frenético, a veces corremos el riesgo de relegar a lugares posteriores las cosas más importantes que tenemos, como los sentimientos y la expresión de los mismos.

Sin embargo, constituyen parte importante de nosotros, de nuestra esencia, nuestro mundo interior, ese que compartimos con tan pocas personas, pero que nos define y nos hace diferentes al resto de la gente.
Me gustaría proponeros un sencillo ejercicio, contestar a estas preguntas: ¿Cuándo fue la última vez que dijiste “Te quiero”?, ¿cuándo fue la última vez que te lo dijeron?.

A veces, basta con pararnos a pensar un poco en ellas para darnos cuenta de que, en algunos casos, cuesta echar la vista atrás y encontrar ese momento, pero… a todos nos gusta sentirnos queridos, todos necesitamos saber que somos importantes para alguien en algún momento de nuestras vidas. Es una necesidad con la que nace el ser humano, la necesidad de afecto y cariño .

Y aún así, no siempre lo expresamos …

Suele ser algo que damos por hecho en una relación de pareja, o en la relación entre padres e hijos. Es algo que se da por supuesto, y a menudo pensamos que ya “se sabe”, y no hace falta decirlo .

Otras veces, es la propia personalidad de algunas personas, de carácter introvertido o reservado, lo que les lleva a no expresar lo que sienten a sus seres queridos, a pesar de sentir con la misma intensidad que los que sí lo expresan .

¡Pero no debemos subestimar el poder que tienen estas dos palabras¡

Decir “Te quiero“ es decir mucho, es dejarle saber a esa persona que nos importa, que puede contar con nosotros cuando lo necesite, hacerle sentir que no está sola, que es alguien especial en nuestra vida.

¡Cuántas y cuántas relaciones se han ido enfriando poco a poco por la falta de afecto, de su demostración¡ El cariño – solemos oír decir – se demuestra, y es cierto. Se demuestra con hechos, sí, pero también con las palabras, porque el hecho de decirlas, ya es en sí mismo una muestra de afecto, de ese afecto tan necesario de sentir pero que nadie va pidiendo, porque es algo que se recibe y se entrega gratuita y libremente.

Nunca sabremos cuántas relaciones, quizás, se podrían haber salvado con un simple “Te quiero“ dicho a tiempo, en el momento en el que aún se sentía, pero a veces cometemos el error de creer que tenemos todo el tiempo del mundo para hacerlo, y pensamos, ingenuamente, que da igual hoy que mañana, decirlo que no decirlo, porque esa persona (y sus sentimientos) estarán siempre ahí para nosotros, sin pararnos a valorar que, tal vez, cuando queramos expresarlo, puede ser ya demasiado tarde.

Aprovechemos el hoy, el momento, porque es lo único seguro que tenemos …