Cuando todo lo que necesitas es un abrazo

Cuando todo lo que necesitas es un abrazo, todo lo demás te sobra. No importa cuánto dinero tengas en el banco, ni con cuántas comodidades vivas ni lo bonita que sea tu casa. De nada te sirve el flamante coche aparcado en el garaje ni tu armario lleno de prendas por estrenar para la próxima temporada. No importa si estás sola o entre un montón de gente, en una fiesta, con amigos o acostada en tu cama.

Cuando necesitas un abrazo, se convierte en el bien más preciado que en ese momento puedas desear, y no hay dinero que pueda comprar la calidez de los brazos de quien te importa en el momento exacto en que te hace falta.

A menudo nos acostumbramos a todo lo bueno que nos rodea como si fuese un derecho más que un regalo, como si siempre hubiese estado ahí y no se fuese a acabar nunca, como si la vida estuviese en constante deuda con nosotros y no fuese una ruleta que puede girar mañana y cambiarlo todo…

A veces no hacen falta palabras, ni preguntas ni porqués, basta una sonrisa cómplice y un abrazo “de los largos”, de esos que te arropan el cuerpo y el alma, para sanar las heridas más profundas e invisibles, esas que nadie ve pero que a menudo nos acompañan como un pesado lastre y cuando menos te lo esperas aparecen, haciéndote sentir vulnerable.

Cuando todo lo que necesitas es un abrazo que te borre la tristeza o el sabor de un día amargo, tener al lado a esa persona que te quiere tal como eres y comparte todo contigo, es un regalo de un valor incalculable.

No importa la edad que tengas, ni el status social ni el nivel educativo, ni todas aquellas cosas a las que nos aferramos cada día como un náufrago a su tabla, porque todo eso pasa a un segundo plano en el preciso instante en que surge ese sentimiento y lo único que necesitas es tan sólo un abrazo.

ABRAZO
Cuando todo lo que necesitas es un abrazo, sus brazos… ¡son el mejor lugar del mundo!

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