Cosas de la vida…

A veces no puedo evitar pensar si la gente se hace las mismas preguntas que yo o si es que le doy demasiadas vueltas a las cosas, el caso es que a menudo basta una simple imagen, una palabra, un gesto  o una melodía para que por mi mente transcurra todo un río de pensamientos.

Hay uno de ellos que siempre me interroga y me retuerce el alma, porque me causa un dolor que no puedo remediar, y siempre surge en mí la misma pregunta: ¿qué habrá ocurrido en su vida para terminar así? ¿qué circunstancia o conjunto de ellas habrá llevado a esta persona a  vivir en esta situación?. Me refiero al drama de los llamados “sin techo”.

Siempre me ha ocurrido que, en los fríos días de invierno, estar en casa abrigada y cómoda mientras fuera cae una gran tormenta o hace un frío que hiela los huesos me ha hecho sentir una mujer afortunada, valorar mi espacio, mi casa y lo poco o mucho que tengo. Por eso, cuando a veces en uno de esos días he visto personas durmiendo entre cartones mal puestos en el suelo, no puedo evitar ese dolor por el sufrimiento ajeno.

Hoy ha vuelto a suceder, paseaba por uno de los lugares más transitados de la ciudad cuando, alineados en el suelo, uno tras otro, dormían entre cartones cinco o seis personas, separados por escasos metros. Algunos de ellos tapaban sus caras con los mismos cartones que cubrían sus cuerpos, buscando quizás la intimidad que les falta,  pero me llamó la atención en especial uno de ellos.

Estaba tendido, pero no tapado como los demás. No parecía borracho, ni enfermo, ni estaba adormilado. Su cabeza estaba más elevada que el cuerpo, y sus ojos abiertos miraban fijamente hacia ningún lugar. Me pregunté qué estaría pensando en ese momento, qué sentiría, y de nuevo la misma pregunta de siempre: ¿qué habría sucedido en su vida que le había llevado a terminar así?

Hogar-de-los-sin-techo

Para mí no son parte del “paisaje urbano”, son personas, pobres personas que han tenido quizás una familia, un trabajo, una casa, unos hijos, pero en algún momento la vida se les torció, bien sea por una mala decisión o por circunstancias adversas que a veces se te presentan y de las que no es fácil escapar.

Detrás de cada uno de ellos hay una historia, una vida que no siempre les ha mostrado la misma cara de amargura, pobreza  y soledad que ahora les ha toca vivir.

No debe ser nada fácil vivir con tan sólo un puñado de recuerdos, sobreviviendo a duras penas y sin más pertenencias que un hatillo en muchos casos, agradeciendo la solidaridad de algunos y expuestos a la indiferencia e incluso a veces, la crueldad de otros.

No creo que nadie elija vivir así por gusto. A nadie le gusta pasar frío y quizás hambre,  ni dormir en el suelo en plena calle y verse privado de lo más elemental para la supervivencia. A nadie le gusta ser invisible para el resto de la sociedad y pasar penurias que tal vez ni imaginamos. Por eso estas cosas siempre me llevan a reflexionar, a no olvidar que en la vida cada paso que damos cuenta, y puede ser la llave que nos abre o cierra las  puertas a caminos venideros.

Es importante el modo en que vivimos, es importante todo lo que hacemos o dejamos de hacer, porque como alguien me dijo una vez, la vida son decisiones, y con la cuchara que cojas, comerás.

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