¡Llora, princesa!

Esta canción narra la historia de desamor, o más bien, desilusión de una chica enamorada, que espera en vano la llegada de una carta del chico al que ama.

¿Quién no ha soñado alguna vez con un amor imposible, o se ha ilusionado con alguien que al final no le ha correspondido?.

Es una canción escrita en la adolescencia, una de esas historias que casi seguro, todos hemos vivido alguna vez…

Esther

Deja que te ame…

Este poema es sólo una expresión de amor, de un amor que nace con fuerza y pide expresarse con plenitud, que desea entregarse en cuerpo y alma, con la pureza de un amor limpio y sincero…

Deja que te ame con mi cuerpo
como te amo con mi alma,
deja que mi piel sea
el refugio de tus frías manos.
Deja que te sueñe, que te piense,
que te sienta y que te espere,
deja que crezca mi amor por ti,
a medida que crece mi deseo.
Deja que tus manos jueguen
en el mar de mis secretos,
deja que exploren tus labios
cuevas con mil recovecos.
Deja que mi cuerpo acoja al tuyo
como la flor a la abeja en primavera,
deja que me pierda entre tus besos,
y en un abrazo, te dé mi vida entera.

Esther.

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A mi padre

Este poema surgió casi sin pensar, en la mañana de un día cualquiera, al mirar por la ventana y ver a mi padre pasar.

No está elaborado, ni retocado, ni tiene grandes pretensiones.  Sólo es una reflexión, todo lo que pasó por mi cabeza en ese preciso instante, y con él he querido expresar ese momento, aunque mis sentimientos son mucho más profundos que estas palabras…

Te vi desde mi ventana
caminando por la calle,
ibas cargado de bolsas
al filo del mediodía.
Me fijé en tu andar sereno,
más pausado que el de antaño,
en tu barba y en tu pelo,
que noté mucho más blanco.
Vi la expresión de tu rostro
que parecía cansado,
a causa de los disgustos,
los achaques, y los años.
Pero seguías siendo tú,
tan afable como siempre,
tan sereno como si
nunca te afectara nada.
Me alegré de que estés cerca  y
poder verte cuando quiero,
aunque a veces no te entienda
e incluso nos enfademos.
Pensé en cómo te vería
cualquiera que te mirase,
quizás verían a un señor, mayor,
de gesto agradable.
Podrías ser alguno más
de los que van por la calle,
pero mi corazón contento, gritó:
¡ Es mi padre ¡

Esther

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